
Domingo Faustino Sarmiento utilizaba el binomio "Civilización o Barbarie" para legitimar el orden frente al caos. En la visión de este gobierno, la "civilización" es la eficiencia del mercado y la desregulación (enfundado en el eufemismo modernización), mientras que la "barbarie" es el derecho laboral, la protección social y la resistencia sindical.
Sarmiento veía en la pampa y en lo popular una "barbarie" que debía ser domada. Hoy, el gobierno ve en la estabilidad laboral y en las conquistas gremiales una "barbarie" que impide la entrada al "primer mundo". Plantea que para los promotores de la ley, "civilizar" el mercado laboral significa simplemente hacerlo más maleable, casi líquido. La pregunta es: ¿es civilizado un sistema donde el trabajador pierde su capacidad de negociación?
TE INVITO A REFLEXIONAR:
Por Edgardo Luis Vecchio
La nueva Zanja de Alsina: cuando el "progreso" se mide en despido
Sin embargo es una ironía. Para aquellos que promocionan la ley, "civilizar" el mercado laboral significa simplemente hacerlo más maleable, casi líquido. La pregunta es: ¿es civilizado un sistema donde el trabajador pierde su capacidad de negociación?
El banco de horas, en un contexto de desigualdad de poder, no es una "herramienta de flexibilidad", sino una barbarie temporal. Es la confiscación del tiempo de vida del trabajador bajo el eufemismo de la eficiencia. Es volver a las jornadas extenuantes que el siglo XX había logrado recortar.
El gobierno ejerce una forma de barbarie institucional contra los que menos tienen, al quitarles la red de seguridad que es la indemnización o la estabilidad, desamparándolos frente a la discrecionalidad del empleador.
Bajo el estandarte de una supuesta modernización, el Ejecutivo nos propone un nuevo paradigma: la Civilización del algoritmo frente a la Barbarie del trabajador con derechos. Para quienes diseñaron la Ley 27.802, la estabilidad laboral no es un derecho humano, sino un resto arcaico de una barbarie que debe ser civilizada a golpe de decreto, bajo la premisa de que, para que el mercado sea libre, el trabajador debe ser, ante todo, desechable.
"La zanja de Alsina o la motosierra de Milei"
A finales del siglo XIX, Adolfo Alsina (por entonces Ministro de Guerra en la presidencia de Nicolás Avellaneda, entre 1874 y 1877) cavó una zanja de 374 kilómetros para separar, según los manuales de la época, la civilización de la barbarie. Hoy, el gobierno nacional parece haber desempolvado la pala, aunque con un diseño distinto: la nueva "Zanja de la Modernización" no divide territorios, sino que divide el derecho a la dignidad.
En este nuevo orden, la "civilización" es la eficiencia del mercado; es la libertad de la empresa para disponer del tiempo y el futuro del trabajador como si fueran piezas de un tablero de ajedrez. Y, naturalmente, la "barbarie" es todo aquello que molesta a esa fluidez: el derecho a la estabilidad, la protección contra el despido arbitrario y, sobre todo, la tozudez de los trabajadores que insisten en reclamar un salario justo.
La Ley N° 27.802 nos vende la fantasía de la "modernización". ¿Quién podría oponerse a un nombre tan luminoso? Sin embargo, al cruzar el foso, uno se encuentra con la realidad: el banco de horas, que no es más que la confiscación del tiempo de vida del trabajador, y una indemnización que se vuelve un chiste de mal gusto ante el poder disciplinador del despido.
Para los estrategas del Ejecutivo, el trabajador hoy es, en el mejor de los casos, un "colaborador" sin anclas; en el peor, un remanente de esa vieja barbarie que debe ser civilizada a golpe de decreto. Están construyendo una nueva zanja, y de este lado del foso, los derechos que nos tomó un siglo conquistar están siendo arrojados, uno a uno, al fondo de la trinchera.
La pregunta que el gobierno esquiva, mientras aplaude su propia audacia, es quién será el próximo en quedar del lado de la "barbarie" cuando la eficiencia ya no sea suficiente para saciar la sed del mercado. Al final del día, una zanja no solo sirve para marcar un límite; también sirve para que alguien, eventualmente, se caiga adentro.
Continuará...